martes, 5 de abril de 2011

El Origen: Los Griegos

El Caos Griego


Jacques Réattu " Der Triumph der zivilisation"

   Antes del mar, de la tierra y del cielo que todo lo cubre, la naturaleza tenía en todo el universo un mismo aspecto indistinto, al que llamaron Caos: una mole informe y desordenada. Y aunque allí había mar, tierra y aire, la tierra era inestable, las aguas innavegables y el aire carecía de luz. Nada conservaba su forma, y unas cosas obstaculizaban a las otras, porque dentro de un mismo cuerpo lo frío se oponía a lo caliente, lo húmedo a lo seco, lo duro a lo blando, y lo que no tenía peso a lo no pesado. Entonces un dios separó el cielo de la tierra y la tierra de las aguas, y dividió el cielo puro del aire espeso. Cuando hubo desenredado estas cosas, y las hubo separado en lugares distintos, las entrelazó en pacífica concordia. El fuego surgió resplandeciente, y ocupó su lugar en la región más alta; próximo a él por ligereza y por el lugar que ocupa estaba el aire. La tierra, más densa que los anteriores, absorbió los elementos más gruesos, y quedó comprimida por su propio peso y el agua, fluyendo alrededor, ocupó los últimos lugares, y rodeó la parte sólida del mundo. Después ordenó a los mares que se expandieran, y rodearan las costas que ciñen la tierra. Añadió también fuentes, estanques inmensos y lagos, y contuvo entre orillas a los ríos. 

   También ordenó que se extendieran los campos, se hundieran los valles, se cubrieran de hojas los bosques y se elevaran las montañas de piedra. Apenas había acabado de dividir todas estas cosas con límites bien definidos, cuando las estrellas, que durante largo tiempo habían permanecido apresadas en una ciega oscuridad, empezaron a encenderse y a centellear por todo el firmamento. Y para que ninguna región se viese privada de sus propios seres animados, las estrellas y las formas de los dioses ocuparon la superficie celeste, las olas se adaptaron a ser habitadas por los brillantes peces, la tierra acogió a las bestias y el blando aire a los pájaros. Pero todavía faltaba un animal más noble, más capacitado por su alto intelecto, y que pudiera dominar a los demás. Y así nació el hombre bien porque el artífice de las cosas lo fabricara con simiente divina, o bien porque la tierra que aún conservaba en su interior alguna semillas del cielo junto al que había sido creada, fuera mezclada con agua de lluvia, plasmando con ello una imagen a semejanza de los dioses. Y mientras los demás animales miran al suelo cabizbajos, al hombre Dios le dio un rostro levantado y le ordenó que mirara al cielo, y que, erguido, alzara los ojos a las estrellas.

   Según la Teogonía ‘origen de los dioses’ de Hesíodo, el Caos fue el primer dios elemental antiguo en surgir en la creación del universo. Tras él surgieron rápidamente Gea (la Tierra), Tártaro (el Infierno) y Eros (el Deseo que trae la vida). Aunque así se narra en la Teogonía, es frecuente sin embargo cometer el error de considerar a estas deidades descendientes del Caos. El Caos era la atmósfera más próxima a la tierra: aire, vapor y niebla (su nombre significa vacío o hueco, pues ocupaba el espacio entre el cielo y la tierra). El Caos (que en griego era femenino) era la madre o la abuela de otras deidades incorpóreas de aire: Nix (la Noche), Érebo (la Oscuridad), Éter (la Luz), Hemera (el Día) y varios daimones. También era una diosa del destino junto con su hija Nix y sus nietas las Moiras.


   De esta forma, justo al comienzo de su historia, Hesíodo establece las deidades relacionadas con cada elemento conocido por el hombre, empezando por los elementos primordiales: la Tierra, el Cielo estrellado, el Mar. La Teogonía presenta dos formas de llegar a la vida: bien por división (Gea, Nix), bien por apareamiento. Después de Gea, casi todas las deidades nacidas por división son conceptos negativos (la Muerte, el Dolor, el Sarcasmo, el Engaño, etcétera) y casi todas ellas son engendradas por Nix. A partir de aquí se establece el modelo para la reproducción, con la intervención de dos entidades, masculina y femenina, como aparece en el mundo divino en respuesta a la sociedad humana. Así que la primera respuesta del mito a la pregunta «¿Cuál es la causa de esto?» resulta ser «Éste es el padre y ésta la madre». Además, todas las deidades generadas por división casi nunca se alían con las de linaje varón-mujer

Dioses 



Zeus Dios supremo de la mitología griega. Se le suponía hijo de Cronos y Rea. Logró escaparse de su padre, que devoraba a sus hijos para que no le arrebataran el poder. Se crió con una ninfa en una cueva del monte Ida, en Creta, y cuando fue adulto destronó a su padre, se instaló en el Olimpo y lo defendió de gigantes y titanes. Se casó con Hera, su hermana, pero tuvo innumerables uniones amorosas con diosas y mortales. En sus relaciones con estas últimas adoptaba diversas formas: se transformó en hombre con Smele; con Alceme tomó el aspecto de su marido Anfitrión; de lluvia de oro con Dánae; de nube con lo; de cisne con Leda y de toro con Europa. De estas uniones nacieron el dios Baco y los héroes Heracles, Perseo, Helena y Épafo. Era el señor del rayo, del trueno, del relámpago y de la lluvia y se encargaba de la tutela de los ciudadanos, pero estaba sometido a los designios del hado que rige todo el universo. 



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